Despolitizando las disputas del territorio: Ciudad neoliberal y luchas urbanas por la vivienda en el Chile dictatorial. El caso de la Región Metropolitana de Santiago (1973-1989)

Álex Paulsen Espinoza [ appaulse@uc.cl]
Pontificia Universidad Católica de Chile

Las luchas y disputas por la vivienda en la Región Metropolitana de Santiago—RMS—de Chile fueron procesos intensos a partir de la década de 1940. Un actor relevante en este contexto resultó ser el poblador, quien, por medio de la toma de tierra, autoconstrucción, organización comunitaria y autónoma en sus campamentos, protestas callejeras, etc., alcanzó una influencia y presencia en términos sociales, políticos y espaciales importantes hacia fines de la década de 1950 (Garcés, 2002). Esto se tradujo en que su influencia alcanzó el debate político y social de la época y el acceso a la vivienda llegó a ser un problema nacional.
Este proceso se ve interrumpido con el golpe militar que llevó a cabo el General Augusto Pinochet Ugarte el 11 de septiembre de 1973 y el inicio de la imposición de la doctrina neoliberal. El neoliberalismo a nivel ideológico, político y económico, “se plantea como el fin de lo social” con respecto a la contingencia política (Gough, 2002: 405). El poblador era la contingencia política de la época por que se encontraba subvirtiendo el corazón de esta hegemonía: la propiedad privada.
La instalación de este sistema supuso el alejamiento de actores sociales de cualquier instancia social o política, para que la acumulación de capital maximice sus beneficios y la propiedad privada prevalezca. Lo que hace el neoliberalismo en la ciudad es “despolitizar la economía y la sociedad al debilitar o eliminar las formas de socialización históricamente acumuladas” (Gough, 2002: 410). Este se vale inicialmente de la ley para legitimar la violencia, la propiedad privada y la acumulación, y con ello, la despolitización de la economía y la sociedad en una etapa posterior.
La despolitización es la siguiente etapa en la instalación del neoliberalismo. El concepto de control social se ha visto asociado a formas de dominación coercitivas explicitas—i.e. violencia, por lo que la literatura ha ampliado la perspectiva para hablar de despolitización en lo urbano (Beveridge y Naumann, 2014; Letelier L., 2018). Este se define como la negación de la contingencia política y la transferencia sucesiva de funciones a otros agentes no elegidos democráticamente (Flinders y Wood, 2014). La literatura ha girado en torno a tres puntos: erosión de la democracia; debilitamiento de la esfera pública (a través del consenso); y el desacuerdo político agonístico (Wilson y Swyngedouw, 2015). La imposición del neoliberalismo urbano en la RMS se realiza por medio del control espacial para luego devenir despolitización.
Las formas de control que se instalan bajo la dictadura militar están relacionadas con identificar a los grupos “peligrosos”. Esto se materializó en la elaboración del documento “Mapa de la Extrema Pobreza” (1974) a cargo de la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN) del Instituto de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sumado a ello, entre 1974 y 1979 se dictan seis decretos leyes—D.L. 519, 1974; D.L.959, 1975; D.L. 872, 1978; D.L. 2624, 1979; D.L. 2698, 1979; D.L. 302, 1979—que tienen por objetivo limitar las acciones espaciales y sociales de los pobladores. En definitiva, se materializa una violencia legalizada en el espacio que pretende controlar a este grupo.
Este informe se ensambla con las políticas urbanas para legitimar y programar procesos de desplazamientos masivos en la RMS. Entre 1976 y 1979 se llevó a cabo las operaciones Confraternidad I y II, pero de manera particular, ya que no solo erradican, sino que además desconocen a aquellos que son propietarios y sus títulos de propiedad. Por lo tanto, son erradicados por la fuerza, engañados y sin expropiación cerca de 1.850 familias (Iglesias, 2011). Este es el inicio de uno de los movimientos de personas más importantes de Chile y de América Latina. Estas políticas urbanas y sociales se vieron potenciadas por la formulación de la Política Nacional de Desarrollo urbano (PNDU) en 1979, y que pondrá el acento en las formas de especulación del suelo y la liberalización de éste hacia el mercado (MINVU, 1979).

De esta manera se pone en marcha de manera oficial los programas de Radicación y Erradicación de los pobladores en la RMS entre 1979 y 1984. A la par que se produce el fomento de la especulación inmobiliaria en los suelos de la RMS, los pobladores comenzaron a ser desplazados de aquellas comunas que tenían suelos con un alto valor. Entre 1979 y 1984, “desplaza a 20.703 familias, es decir, alrededor de 187.000 personas fueron expulsadas de sus casas y ubicadas en zonas especiales” (Dubet, Tironi, Espinoza, y Valenzuela, 2016, pág. 65). En términos espaciales y político-administrativos, esto significó la reestructuración de la RMS en 1980.
La situación del poblador se agravó con la prohibición de tomas en la RMS. Posterior a los intentos de tomas en 1980, el régimen cívico-militar a través del Decreto Supremo N° 105, decidió prohibir las tomas de terrenos por medio de la amenaza de que quien no la acatara, perdería el derecho a recibir una vivienda total o parcialmente cedida por el Estado (Valdés, 1986). Esto obligó a los pobladores a recibir a sus familiares o amigos en sus propias casas o en su defecto a autoconstruir viviendas al interior de sus terrenos: nacen los allegados (Necochea, 1987). Con el problema de los allegados el poblador se enfrentó a condiciones de vida que se volvieron cada vez más difíciles en el contexto de la dictadura cívico-militar y luego con la crisis de 1982. Precisamente en aquellas comunas nuevas que se crearon en la nueva RMS—La Pintana, El Bosque, Estación Central, Peñalolén, Lo Espejo, La Cisterna—a , este problema de los allegados persistirá hasta el día de hoy.
Con la crisis de 1982 la situación se agrava considerablemente en lo relativo al empleo, la vivienda, la salud, acceso a los servicios y alimentos. Esto va a producir el aumento de ollas comunes, huertos familiares, comedores infantiles y otras formas de sobrevivencia (Valdés, 1987; Garcés M. , 2013). La crítica situación se intensifica luego de los temporales del año 1982, los cuales generan una serie de inundaciones en varias comunas de la RMS, que por lo demás los va a visibilizar como problema urbano. En consecuencia, en el año 1983 aparece de manera notoria la organización de los pobladores—junto a los actores sindicalistas—en el ciclo de protestas que se van a inaugurar y extender hasta 1987 (Espinoza V. , 1998).
Se iniciaba la “explosión de las mayorías” en la década de 1980, pero particularmente la de pobladores y sindicalistas (de la Maza y Garcés, 1985). Los pobladores ampliarán sus peticiones y considerarán dentro de ellas, no solo la vivienda, sino que también la educación, el trabajo, la necesidad de un cambio en el sistema político-institucional vigente y las prácticas represivas que estaba aplicando el régimen producto del ciclo de protestas. Este ciclo marcará el inicio de un proceso que van a detonar los pobladores y los obreros sindicalistas y que terminará con la apertura democrática hacia 1990.
En suma, la imposición del neoliberalismo en términos espaciales, significó la elaboración de formas de control a través de la identificación de los grupos asociados a los pobladores y la constante violencia legalizada estatal hacia ellos, en caso de subvertir la propiedad privada por medio de tomas. La despolitización en el espacio se realizó a través de la desestructuración de sus relaciones sociales por medio del desplazamiento de estos a diferentes lugares, para luego realizar una reforma administrativa en donde el municipio tomaría un rol preponderante en la relación entre el Estado y los pobladores.

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